No hay garantía de que los estudiantes regresen a los colegios durante este otoño; septiembre era la posible fecha de retorno. Los distritos escolares tienen que presentar un plan de reapertura, con fecha límite de 2 semanas antes del primer día de clases; pero también dependerá del curso evolutivo del COVID-19.

Seattle planteaba por el momento un sistema híbrido de clases presenciales con restricción de aforo y educación virtual, con asistencia parcial y en días alternos

La Casa Blanca insiste en la necesidad de volver a la normalidad lo antes posible. “Los niños necesitan volver al colegio y los líderes de los colegios en todo el país tienen que hacer planes para eso”, dijo recientemente la secretaria de Educación, Betsy DeVos, “la norma tiene que ser que los niños vuelvan al colegio este otoño”.

La presión para que los estudiantes estadounidenses vuelvan a las aulas es intensa, pero evaluar el riesgo es complicado cuando las infecciones aún están fuera de control en muchas comunidades.

En tanto los distritos escolares estadounidenses consideran si van a reiniciar las clases presenciales y cómo hacerlo, su desafío se complica por un par de incertidumbres fundamentales: ningún país ha tratado de enviar a los niños a la escuela con el virus en niveles como los de Estados Unidos y la investigación científica sobre la transmisión en las aulas es limitada.

La Organización Mundial de la Salud ha concluido que el virus se transmite por el aire en espacios interiores abarrotados y con poca ventilación, una descripción que concuerda con la realidad en muchas escuelas estadounidenses. Pero hay una enorme presión para traer de vuelta a los estudiantes: de padres, pediatras y especialistas en desarrollo infantil y del presidente de Estados Unidos Donald Trump.