Desde pequeños, cuando nuestros dientes empiezan a asomar, nos inculcan una serie de rutinas para cuidarlos correctamente: cepillarnos los dientes tres veces al día, utilizar hilo dental, enjuagarse con flúor. Sin embargo, se insiste poco en la importancia de desterrar aquellos hábitos cotidianos, algunos involuntarios, que pueden empeorar nuestra sonrisa.

1. Abrir envases con los dientes:

Todos lo hemos hecho alguna vez, sin ser conscientes de que es un hábito con el que podemos fracturarlos y desgastarlos.

2. Morder objetos duros:

Morder bolígrafo, uñas, hielo e incluso los habituales palillos. Aumentan el riesgo de sufrir pequeñas facturas y fomentando el desgaste dental.

3 . Abusar de los refrescos carbonatados:

Contienen una elevada concentración de azúcar y especialmente de ácidos (fosfórico, cítrico, tartárico y/o carbónico) que erosiona la capa protectora del diente. 

4. Tomar demasiado té/café:

No sólo los amarillean sino que también pueden dañar el esmalte dental, por lo que es recomendable limitar su consumo.

5. Cepillarse los dientes justo después de comer:

Al comer o beber algo ácido el pH de la boca disminuye y aumenta el nivel de acidez, por lo que si nos cepillamos inmediatamente después potenciaremos el efecto negativo del ácido sobre nuestros dientes, ya que lo frotaremos contra ellos y lo esparciremos por toda la cavidad. En cambio, si lo hacemos pasados 30 minutos daremos tiempo a que la saliva disminuya la acidez de los alimentos.

6. Amortizar demasiado el cepillo:

El periodo de vida de un cepillo de dientes termina a los tres meses, ya que las cerdas acumulan una gran cantidad de bacterias y se desgastan, perdiendo efectividad a la hora de eliminar la placa, uno de las principales causantes de la sensibilidad dental.